lunes, 6 de julio de 2009

La libertad de expresión resulta utópica para los jóvenes

Fotografía: Paulina Jarrín. Universitario quiteño.

“Hoy el periódico tiene que ver con la verdad como la prostitución con el amor”
Gaby Weber Periodista Alemana radicada en Argentina.

En el Ecuador quedó atrás la idea de que los jóvenes creen que pueden cambiarlo todo. Así lo demuestra un sondeo de opinión realizado por este medio, donde 17 de 20 universitarios inquiridos sobre su concepción referente a la tan mencionada “libertad de expresión” incluyeron palabras como utopía, imposible, farsa, corrupción…

La libertad de expresión es un derecho consagrado de nuestra sociedad, pero lastimosamente uno más de todos aquellos que sirven para adornar un papel y recibir aplausos. Resulta hasta ingenuo pensar que la libertad de expresión existe en toda su magnitud, así como también es descabellado creer que no existe en lo absoluto.

La realidad sobre este derecho, cada vez más citado por los medios de comunicación que se autodenominan sus adalides, es que es posible en la medida en que todos los ciudadanos tengan voz en una sociedad. Por ello, nuestro Ecuador puede quedar ronco exigiéndolo, pero mientras tengamos la acumulación de poder en un solo sector, el otro siempre estará oprimido.

Así se empieza a dar la razón a los jóvenes que han dejado de creer en que al luchar por los imposibles los vuelven dables. Una de las razones es que se habla de la libertad de expresión como derecho de los medios de comunicación, alejándolo de la juventud y de los demás ciudadanos quienes no están apropiados y comprometidos con este derecho básico para el desarrollo completo de una sociedad.

Se han dado muchos incidentes entre el actual Gobierno del Ecuador y los medios masivos de comunicación, los atropellos han venido de parte y parte. Por un lado, como afirma la Organización de Reporteros sin Frontera (RSF), es innegable que algunos medios son demasiado agresivos con Correa”; y por otro el Presidente no cesa de increpar al periodismo tachándolo de “mediocre y corrupto”.

Esta constante pugna, sin duda, ha mermado la credibilidad de los medios de comunicación, ya que se ha puesto en duda su accionar, su profesionalismo y su convicción de servicio social. Y, lamentablemente hay casos evidentes en los que ellos exigen “libertad de empresa y no de prensa”. Con estos antecedentes se ha deslegitimado a la defensa de la libertad de expresión. Misma que es violada desde el seno familiar, pasando por las instituciones educativas y religiosas, para terminar en los medios de comunicación y en el Estado.

Los pocos grupos que han intentado alzar su voz como “Jóvenes y Punto” " que organizaron el plantón frente a Teleamazonas el pasado 25 de junio, tampoco logran crear la unidad nacional que exija un derecho en común para todos los ciudadanos. Verónica Romero, miembro de este grupo, afirma que “la idea es que las personas se muestren en la vía pública con mordazas de color rojo y entreguen folletos, que expliquen las consecuencias de no defender una verdadera libertad de expresión", ¿Pero es eso verdadera libertad de expresión? Ellos protestaban por la probabilidad del cierre temporal de ese canal, haciendo oposición al gobierno.

No hay un solo movimiento, ni de parte de los medios de comunicación ni de parte del Estado, que englobe la necesidad de defender la información que la población necesita tanto. Medios y Estado están para servir a su sociedad y, por tanto, ambos nos deben las garantías necesarias para el desarrollo integral de nuestro país. Ninguno defiende al público, cada uno se atrinchera en la defensa de sus intereses y no repara en los mayores afectados. Son los lectores, los oyentes y los televidentes quienes debemos demandar calidad y ética en la información que se difunde, y además, todas las garantías para quienes en pleno uso de sus capacidades intelectuales y éticas ejercen el periodismo, mismo que debe siempre recordar que pese a la imposibilidad de la objetividad total, la responsabilidad y veracidad sí deben formar parte de cada palabra, de cada afirmación y de cada denuncia efectuada o hecho mostrado.

Son las nuevas generaciones de periodistas las que se enfrentarán al desafío de vencer la desconfianza de una sociedad. Los jóvenes son los llamados a reivindicar al periodismo que se desconectó de su razón de ser. “Ser el vínculo que permita la comunicación entre los diversos actores de la sociedad”.

Jóvenes a defender la libertad de expresión, pero no a aquella que defiende los fines más nobles al igual que a los más crueles, sino a aquella que nos pertenece a todos para darnos una voz que sea escuchada sin prejuicios, sin tapujos, sin intolerancia y sin restricción para todos sin importar la cantidad de empresas que maneje o el poder político que tenga.